La sociedad europea a fines del siglo XVIII y principios del XIX
Sociología. 6 ° A del Colegio N° 1 "Domingo Faustino Sarmiento" de Paraná.
Este es el espacio virtual de la asignatura Sociología con el sólo fin de registrar los distintos textos que a lo largo de la cursada se trabajen. No se atenderán consultas por este medio.
domingo, 1 de marzo de 2026
¡Buen inicio de Ciclo lectivo 2026!
domingo, 9 de noviembre de 2025
Revisión: El proletariado crece al mismo ritmo que el desarrollo del capital... ¿es así?
1. Leemos la siguiente noticia:
👉Mercado Libre destinará 2.600 millones de dólares y contratará 2.000 empleados en Argentina en 2025
2. Leemos el siguiente apunte de cátedra:
La acumulación de capital y sus efectos según Karl Marx
Cuando una empresa gana dinero, una parte de esas ganancias se reinvierte para seguir creciendo. A esto se le llama acumulación de capital. Según Karl Marx, esta acumulación puede generar una mayor demanda de trabajadores, pero solo mientras se mantenga igual la relación entre el dinero invertido en máquinas (capital constante) y el dinero invertido en contratar personas (capital variable).
Sin embargo, en el sistema capitalista, esta relación cambia con el tiempo. A medida que las empresas invierten más en tecnología y maquinaria para producir más rápido y a menor costo, necesitan menos trabajadores para hacer el mismo trabajo. Es decir, el capital constante crece más rápido que el capital variable.
Marx critica a economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo, quienes pensaban que si el capital crecía, también aumentaría la cantidad de trabajadores contratados. Marx demuestra que esto no siempre es así: el crecimiento del capital también puede hacer que los trabajadores dependan cada vez más del sistema y de los dueños de los medios de producción.
Además, aunque los salarios puedan subir en ciertos momentos, eso no elimina la explotación del trabajo asalariado. Según Marx, los trabajadores siguen siendo parte de un sistema donde su trabajo genera beneficios para los dueños del capital, no para ellos mismos.
Con el tiempo, este proceso produce desequilibrios en el mercado laboral. En algunos periodos, puede haber escasez de trabajadores y los salarios suben; pero luego, el mismo crecimiento del capital hace que haya más personas buscando trabajo que puestos disponibles, lo que vuelve a bajar los salarios.
Todo esto muestra que el capitalismo funciona de manera cíclica, alternando etapas de crecimiento y crisis, debido a la forma en que el capital se acumula y busca siempre obtener más ganancias.
Actividad
1. Responde de manera escrita en tu carpeta personal:
A) ¿En qué sentido la expansión de Mercado Libre puede verse como un ejemplo de la contradicción central del capitalismo, que necesita ampliar el trabajo asalariado para crecer, pero no garantiza con ello una mejora real en la vida de los trabajadores?
Capítulo IV
ACTITUD DE LOS COMUNISTAS ANTE LOS OTROS
PARTIDOS DE LA OPOSICION
Después de lo que dejamos dicho en el capítulo II, fácil es comprender la relación que guardan los comunistas con los demás partidos obreros ya existentes, con los cartistas ingleses y con los reformadores agrarios de Norteamérica.
Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos
inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan
a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista
contra la burguesía conservadora y radical, más sin renunciar por esto a su
derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la
tradición revolucionaria.
En Suiza apoyan a los radicales, sin ignorar que este partido es una
mezcla de elementos contradictorios: de demócratas socialistas, a la manera
francesa, y de burgueses radicales.
En Polonia, los comunistas apoyan al partido que sostiene la revolución
agraria, como condición previa para la emancipación nacional del país, al
partido que provocó la insurrección de Cracovia en 1846.
En Alemania, el partido comunista luchará al lado de la burguesía,
mientras ésta actúe revolucionariamente, dando con ella la batalla a la
monarquía absoluta, a la gran propiedad feudal y a la pequeña burguesía.
Pero todo esto sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros,
hasta afirmar en ellos con la mayor claridad posible la conciencia del
antagonismo hostil que separa a la burguesía del proletariado, para que,
llegado el momento, los obreros alemanes se encuentren preparados para volverse
contra la burguesía, como otras tantas armas, esas mismas condiciones políticas
y sociales que la burguesía, una vez que triunfe, no tendrá más remedio que
implantar; para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases
reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía.
Las miradas de los comunistas convergen con un especial interés sobre
Alemania, pues no desconocen que este país está en vísperas de una revolución
burguesa y que esa sacudida revolucionaria se va a desarrollar bajo las
propicias condiciones de la civilización europea y con un proletariado mucho
más potente que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII,
razones todas para que la revolución alemana burguesa que se avecina no sea más
que el preludio inmediato de una revolución proletaria.
Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos
movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político
imperante.
En todos estos movimientos se ponen de relieve el régimen de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos progresiva que revista, como la cuestión fundamental que se ventila.
Finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y la
inteligencia de los partidos democráticos de todos los países.
Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e
intenciones. Abiertamente declaran que
sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden
social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la
perspectiva de una revolución comunista.
Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus
cadenas. Tienen, en cambio, un mundo
entero que ganar.
¡Proletarios de todos los Países, uníos!
domingo, 2 de noviembre de 2025
Manifiesto del Partido Comunista Por K. Marx & F. Engels (Segundo análisis)
Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción. La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos.
La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.
Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.
A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político. Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna” una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.
Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.
La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.
La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares .
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.
La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.
La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.
La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.
La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.
En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?
Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas. Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron.
Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa.
Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.
Y la burguesía no sólo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado.
La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza. Y ya se sabe que el precio de una mercancía, y como una de tantas el trabajo , equivale a su coste de producción. Cuanto más repelente es el trabajo, tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún: cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc.
La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista. Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares. Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes. No son sólo siervos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre, y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.
Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre. Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo. Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.
Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.
Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción. Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado.
El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia.
Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los explota. Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada, del obrero medieval.
En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa que todavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses. La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía, y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa.
A- Lee y analiza cada afirmación. Luego transcribe a tu carpeta personal las afirmaciones que son verdaderas:
1- La invención del vapor y la maquinaria transformaron profundamente el sistema de producción.
3.
domingo, 12 de octubre de 2025
Manifiesto del Partido Comunista Por K. Marx & F. Engels (Primer análisis)
Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.
No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.
De este hecho se desprenden dos consecuencias:
La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas.
La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido.
Con este fin se han congregado en Londres los representantes comunistas de diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que aparecerá en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.
I
BURGUESES Y PROLETARIOS
Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos , dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.
La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.
Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.
El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africa abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.
El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.
A- Lee y analiza cada afirmación. Luego transcribe a tu carpeta personal las afirmaciones que son verdaderas
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El Manifiesto comienza diciendo que en Europa no existe preocupación alguna por el comunismo.
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El texto afirma que todas las potencias de la vieja Europa se han conjurado contra el comunismo.
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Según el prólogo, ningún partido de oposición recibe la acusación de comunista.
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El prólogo concluye que los comunistas deben hacer público su programa y sus ideas.
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El Manifiesto fue redactado por representantes comunistas reunidos en Londres.
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En el fragmento se dice que el Manifiesto aparecerá únicamente en lengua inglesa.
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El primer enunciado del capítulo I sostiene que “toda la historia de la sociedad humana es una historia de luchas de clases”.
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El texto menciona que entre los antagonismos de clase sólo han existido libres y esclavos.
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El autor afirma que la lucha de clases a veces es velada y otras veces es abierta.
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El Manifiesto sostiene que la sociedad moderna burguesa ha eliminado todos los antagonismos de clase.
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Según el texto, la época de la burguesía simplifica los antagonismos sociales en dos grandes clases.
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Esos dos grandes campos enemigos son la burguesía y el proletariado.
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El fragmento explica que los “villanos” de las primeras ciudades no tuvieron relación con el origen de la burguesía.
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El descubrimiento de América y la navegación alrededor de África ayudaron al desarrollo de la burguesía.
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El texto afirma que la expansión del comercio, las colonias y el aumento de mercancías favorecieron el impulso de la burguesía.
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Según el fragmento, el régimen feudal o gremial de producción seguía siendo suficiente para los nuevos mercados.
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La manufactura surge para sustituir al régimen feudal o gremial cuando este ya no basta.
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Los maestros de los gremios conservaron siempre su influencia económica sin ser desplazados.
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El texto menciona que la división del trabajo dentro de cada taller reemplazó a la división del trabajo entre corporaciones.
-
En el fragmento se afirma que la transformación social conduce siempre a la desaparición de las clases sociales sin conflicto.
domingo, 5 de octubre de 2025
Clase del día 6 de octubre de 2025
Continuamos con la lectura de diferentes artículos periodísticos con el fin de destacar los alcances de la crítica marxista que todavía permiten problematizar lo social:
De la alienación a la auto-explotación por Caramelo, P. (9/3/2025)
Actividad:
1. Leemos de manera crítica el artículo propuesto.
2. Responde de manera escrita en tu carpeta personal:
A) ¿Qué entendés por “alienación”, según el texto?
B) ¿Qué crítica hace el texto sobre el “emprendedorismo” en la sociedad actual?
C) ¿Por qué se dice que hoy los trabajadores se explotan a sí mismos?
D) ¿Qué significa que “las cadenas ahora son invisibles”?
E) ¿Qué propone el texto como formas de resistir o recuperar el sentido del trabajo?
3. Escribí un breve texto a partir de las siguientes preguntas:
¿Sentís que en tu vida diaria estás obligado/a a rendir todo el tiempo, como plantea el texto? ¿Cómo te afecta esto en tu estudio, tu descanso o tus relaciones?
ANEXO:
En memoria de Jane Goodall
jueves, 2 de octubre de 2025
Clase del 22 de septiembre de 2025: Deprimido, no; alienado
Para profundizar en los conceptos trabajados en relación a la sociología y los aportes de Carlos Marx nos detenemos en el análisis de diferentes artículos. A continuación el que escribió para el diario Perfil Diego Lo Destro:
Actividad:
1, Luego de la lectura atenta del artículo responde de manera escrita en tu carpeta personal:
¿Por qué pensás que muchas veces se dice que los problemas de salud mental se resuelven solo con “pensamiento positivo” o “esfuerzo individual”? ¿Estás de acuerdo con eso? ¿Por qué?
domingo, 31 de agosto de 2025
Plusvalía y fetichismo de la mercancía
Continuamos:
Sabemos por la clase anterior que Carlos Marx brindó grandes aportes a la Sociología:
- Su manera de entender a una sociedad a partir de las relaciones de producción.
- El concepto de alienación.
- Los dos sectores en continua tensión en la sociedad de su tiempo: Proletarios (los que sólo tienen su fuerza de trabajo para subsistir en un entramado social que no crean pero del que son la parte imprescindible) y los Burgueses (dueños de los medios de producción).
En esta clase vamos a intentar recuperar mediante una historia particular diferentes aportes de la mirada de Marx, en particular sus valiosos conceptos de PLUSVALÍA y FETICHISMO DE LA MERCANCIA.
Actividades.
1. Observa el siguiente video:
2. Escribe un texto en donde analices lo que el video desarrolla, y en el mismo texto responde la siguiente pregunta: ¿Considerás importante que las personas se hagan preguntas en torno a las problemáticas que el video manifiesta? Sí, no ¿por qué?
ANEXO:
A- Karl Marx tenía razón por John Gray (6/9/2025)
B- De la alienación a la auto-explotación por Caramelo, P. (9/3/2025)
C- Deprimido, no; alienado por Lo Destro, Diego M. (21/7/2025)
D- El Manifiesto del Partido Comunista (1848)

